01 febrero 2008

Profesiones

Todos y cada uno de nosotros, llegado el momento, debemos decidir que hacer con nuestras vidas.
Algunos deciden estudiar una carrera y dedicarse de por vida a la vertiente escogida. Léase el caso de profesores, médicos, abogados, economistas, ingenieros, y un largo etcétera.
Algunos optan por aprender un oficio que les proporcione el sustento mensual, como es el caso de fontaneros, hosteleros, eletricistas, mecánicos, panaderos, y otro largo etcétera.
Otros, como yo, eligen estudiar una carrera de la cual se desvinculan y acaban ganándose el sustento con un oficio diametralmente opuesto.
Luego hay quien, desde la más tierna infancia es rebelde por naturaleza, difícil en su trato, y elige el camino tormentoso de la delincuencia, bien por falta de recursos, bien por el ambiente frecuentado.
Y por último, están los que van a lo cómodo. Los que, llegado el momento, tienen que decidir por ganarse la vida honradamente, o vivir del cuento, de las subvenciones, y de la cama y comida gratuita que les proporcionan el Estado por una parte, y el sustento caritativo de algunas almas atormentadas por otro. Y es esta gente, que se empeña en ir dando lecciones de comportamiento, la que tiene para mi peor catadura moral.
Alguno serio y decente habrá, no digo que no. Pero en general, la aportación que realizan a la sociedad del Siglo XXI, no solo no aporta nada, sino que además contribuye claramente a su decadencia.
Se que levantaré ampollas, pero a tenor de los últimos acontecimientos no puedo dejar pasar la ocasión de manifestar mi opinión sobre estos últimos.
Dependiendo del lugar en el que habiten del planeta, visten diferentes atuendos. Unos llevan togas, otros turbantes y babuchas, otros camisolas y tirabuzones, y los hay hasta con taparrabos.
Mayoritariamente en este lado de Europa visten estilizados trajes que denominan clergyman. Y más concretamente, en esta parte del Mediterrano, se decantan por las sotanas. Sotanas que además adornan con distintos colores, pasando por el grana hasta llegar al púrpura, y seguidamente el blanco impoluto, que al igual que los cinturones de las artes marciales marcan el grado de sabiduría, en este caso marcan el nivel de sinvergonzonería, hipocresía y desfachatez.

Lo siento si ofendo a alguien. No es mi propósito, desde luego. Respeto y defiendo cualquier tipo de creencia. Lo que nunca podré respetar es que haya personas o instituciones que, haciéndose valer de esas creencias, pretendan imponer pensamientos, actitudes y razonamientos más propios de la Edad Media, donde los sabios y eruditos eran quemados vivos, que del año 2008.

No podemos, ni debemos tolerar que esta gente se inmiscuya en la vida pública, ni mucho menos emita juicios de valor para con la población. Para eso ya existe un sistema democrático con una división de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, que en última instancia, son consecuencia de las voluntades expresadas por los ciudadanos.
Que con sus vidas y conciencias hagan lo que les plazca. Están en su derecho. Pero, por favor, que eviten inmiscuirse en la vida de los que no lo requerimos.
Si no, tal vez deberían replantearse su profesión, pues sin duda la están confundiendo.

3 comentarios:

Berracus dijo...

Todos sabemos que son una institución anclada en un pasado muy lejano y que tras una época dorada durante el siglo pasado están viendo una oportunidad para recuperar viejos laureles. Eso les ha hecho crecerse en los últimos años y comenzar unas campañas más activas, electoralmente hablando.
El problema real es que se le da importancia a lo que dicen. Eso es lo que no debería pasar.
La iglesia católica es una institución privada que no tendría que financiarse con dinero público. Y no debería formar parte de nuestro sistema educativo. Todo esto les da un poder que nunca deberían haber tenido, una vez iniciado un régimen democrático y aconfesional (tanto poder tenían, que no se pudo ni usar la palabra laico). El primer paso es descabalgarlos de ahí. A partir de entonces, lo que digan para intentar formar conciencias entre sus seguidores es cosa suya. Por supuesto, tienen derecho a decirles a quién creen que deben votar porque son más afines a sus ideales, como cualquier otro grupo ciudadano/empresa privada. Pero desde sus púlpitos financiados por sus fieles.
En cualquier caso, debo decir que sí les echaré en cara el ser tan cobardes al expresar sus opiniones. Me importa una mierda (con perdón) que hagan campaña electoral a favor de un partido. Pero que lo digan claramente y asuman las consecuencias, en lugar de rasgarse las vestiduras por el hecho de ser reprobados por mucha gente. Ese victimismo es lo que me hace sentir auténtico asco por los obispos españoles.

Матрёшка dijo...

Yo soy creyente, pero el clero no me gusta.
De hecho, admiro mucho al Dalai Lama,cosa que no puedo decir del Papa.

Enoch dijo...

La Constitución Española de 1978 dice en su Art. 16 (Fuente: Wikisource http://es.wikisource.org):

1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.

2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.

3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.

Como dice Berracus, está claro que España es un estado Aconfesional (aunque tampoco se diga de forma explícita). Pero, este artículo de la Constitución ¿no contiene una profunda laicidad implícita? En mi opinión, sí.