18 abril 2008

La fiesta de puesta de campana

Esperar a hacer una fiesta de inauguración de este nuestro piso, sería como no celebrar ni la boda, ni las bodas de plata y esperar a celebrar las bodas de oro.

Situaros: a finales de un cálido junio de 2007, en Madrid, una alegre pareja comienza las obras de reforma integral de un piso antiguo, con la esperanza de estar viviendo en su nuevo hogar en ese mismo año.

Hoy, diez meses después, seguimos sin tarima, sin puertas, sin armarios, sin muebles ...

Pero centrémonos en el camino crítico durante tres meses y medio de nuestra obra: LA CAMPANA DE LA COCINA.

Yo, eclipsada por el glamour de las revistas de cocinas, decidí poner una isla con una flamante campana, hecho que no hizo demasiada gracia a mi chico, al que al final entre todos logramos convencer.

Así que hicimos la instalación eléctrica, de gas y fontanería, además del alicatado y solado en función de mi campana, dejando únicamente una plancha de falso techo sin poner justo donde va la campana.

El primer paso fue concertar una reunión entre el vendedor de los muebles de cocina y el albañil, que no estaba muy convencido de anclar la campana al techo, para estudiar “in situ” la situación. El vendedor de los muebles explicó que había que anclar al forjado cuatro varillas de 10 mm de diámetro, de las cuales pendería la campana. En ese momento, el albañil echándose las manos a la cabeza dijo: “¿En qué forjado, si esto es un enrasillado?”. Yo ya tenía alguna sospecha, pero fue en ese momento cuando tuve la certeza de que teníamos un problema.

Ante este contratiempo, comencé a proponer ideas, siendo la mas fiable la de soldar una placa de acero a dos vigas metálicas existentes, y ahí anclar las varillas. Debía ser pues, un perfil de acero de 8 mm de grosor, de una longitud algo superior a la distancia entre vigas, con cuatro orificios para introducir las varillas de 10 en unos lugares predeterminados, y por supuesto con un cordón de soldadura.

Comenzamos pues una búsqueda infructuosa de soldador, que finalizó (después de que un individuo nos quisiera cobrar 600 euros -¡si, nosotros también nos asustamos!-), con que uno de mis tíos le pidiera el favor al técnico de mantenimiento de ascensores, que también hace soldadura.

¡Por fin!, emocionada me prestaron en mi trabajo una manta ignífuga para proteger nuestro solado, y me regalaron las cuatro varillas de 10 mm, con el consiguiente cachondeo: “pero, ¿tu que vas a colgar, el motor de un avión?”.

Dejamos a mi voluntarioso y jubilado tío al mando de la operación, no sin cierta reticencia, sobre todo por parte de mi chico.

Cuando llegamos a ver nuestro soporte, observamos las siguientes deficiencias:

1. la plancha no era tal, sino dos perfiles, que además no eran paralelos.
2. los perfiles no eran de 8 mm, sino de 3,5 mm., con lo que al comprobar su resistencia, flectaban un montón.
3. los orificios para las varillas se encontraban mal situados, y no eran para varillas de 10 mm, sino para 6 mm.
4. no existía cordón de soldadura, si no unos puntos de soldadura con una elevada porosidad, lo que les daba un aspecto lamentable.
5. en el soporte que nos entregaron de la campana no cabían las varillas de 10, sino de 6. ¡Por fin un acierto!, aunque fuera por equivocación y casualidad.

Lo que produjo llanto por mi parte, reproches por parte de mi pareja, e incluso el planteamiento de pedir colaboración en la obra. ¡Pero luego, ¿con que cara retengo una certificación, o paro un tajo, o incluso que el trabajador que venga a casa sea al que luego debiera de echar del proyecto?!

Esa noche fue mala, pensando: esa soldadura no aguanta, lo de la campana no tiene arreglo, ... e imaginando los azulejos que habría que quitar para poner una campana tradicional arriostrada a la pared.

Entre tanto un familiar algo entendido en la materia vino a ver la soldadura, y mientras se agarraba y tiraba de los perfiles, se quedaba con el perfil objeto de su comprobación en la mano, justo cuando estaba diciendo: “Tranquilos chicos, esto no se os cae”.

¡Qué artista el soldador!, de 16 puntos de soldadura dio uno bien.

Entonces decidí llamar a varios compañeros de trabajo a contarles mis penas, y mi amiga Ana me recomendó un soldador que vino al día siguiente, y acordamos con él un precio razonable y una fecha (el sábado siguiente).

Pero no podía ser tan fácil, primero se le averió el equipo de soldadura, después al ir a alquilar otro la tienda estaba cerrada, y por último la tercera fecha en la que quedamos, tuvimos que hospitalizar a mi padre. ¡Dichosa campana, ha intentado incluso acabar con mi padre, con tal de que no la pongamos!

Finalmente mi padre se recuperó y conseguimos hacer la soldadura para poner la campana e instalarla. Ahí va una foto de nuestra (mi) flamante cocina:


Bueno amiguetes, quedáis invitados a unas cañas para celebrar nuestra Fiesta de Puesta de Campana.

4 comentarios:

Enoch dijo...

Quién me iba a decir a mí que costaba tanto poner una campana! Si hasta parece un artilugio inocente...

Sí señora, tantos desvelos merecen una buena fiesta. Cuando quieras Матрёшка!

PD: ya estoy buscando la diferencia entre forjado y enrasillado. De momento, has conseguido que poniendo "enrasillado?" en Google te manden a tu post!!

Berracus dijo...

Ya entiendo por qué a tu señor esposo no le agradaba la idea de la campana. De por sí, éste es más de sonidos eléctricos, con lo que la campanita, nada de nada. Y claro, viendo la "afoto", con más razón. Yo no sé por qué a las mujeres os gustan tanto estas cosas modernas. Por lo menos sonará bien, ¿no? Ya se sabe, campana de latón tiene mal son...

Manic dijo...

Esa fiesta merece celebrarse ¡¡¡YA!!!, por los esfuerzos que ha costado poner esa camapana, y..... antes de que se caiga

Матрёшка dijo...

¿Sábado por la noche?